Lo que sucedió a un científico.

Otra vez le dijo el Conde Lucanor a su consejero Patronio:

Patronio, el otro día en clase, mandé unos deberes a mis alumnos que consistían en hacer un cuento y entregarlo el día siguiente de clase. Cuando llegó el día, un niño me entregó el cuento que le pedí el día que se lo pedí, pero al llegar a casa me encontré con que el niño había tomado el camino fácil y lo copio de un libro de textos de un curso superior. Yo quisiera decirle algo, o quizás también aprender a hacer las cosas como él d una manera picaresca. Pero no se qué hacer.

-Señor Conde Lucanor -dijo Patronio-, para que sepáis lo que más os conviene hacer, me gustaría contaros lo que sucedió a un científico.

Y el conde le preguntó lo que había pasado.

-Señor conde -dijo Patronio-, un científico que vivía preocupado con los problemas del mundo, estaba resuelto a encontrar los medios para aminorarlos. Pasaba días en su laboratorio en busca de respuestas para sus dudas.

Cierto día, su hijo de 7 años invadió su santuario decidido a ayudarlo a trabajar.  El científico, nervioso por la interrupción, le pidió al niño que fuese a jugar a otro lado. Viendo que era imposible sacarlo, el padre pensó en algo que pudiese darle el objetivo de distraer su atención. De repente se encontró con una revista, en donde había un mapa con el mundo, justo lo que precisaba. Con unas tijeras recortó el mapa en varios pedazos y junto con un rollo de cinta se lo entregó a su hijo diciendo: “como te gustan los rompecabezas, te voy a dar uno del mundo todo roto para que lo repares sin la ayuda de nadie”.

Entonces calculó que al pequeño le llevaría 10 días componer el mapa, pero no fue así. Pasadas algunas horas, escuchó la voz del niño que lo llamaba calmadamente. “Papá, papá, ya hice todo, conseguí terminarlo”.

Al principio el padre no creyó en el niño. Pencó que sería imposible, a su edad, haya conseguido recomponer un mapa que jamás había visto antes.

Desconfiado, el científico levantó la cabeza de sus anotaciones con la certeza de que vería el trabajo digno de un niño. Para su sorpresa, el mapa estaba completo. Todos los pedazos habían sido colocados en sus debidos lugares. ¿Cómo era posible? ¿Cómo el niño había sido capaz?

Hijito, tu no sabías como era el mundo antes, ¿cómo lo lograste?

Papá, yo no sabía cómo era el mundo, pero cuando sacaste el mapa de la revista para recortarlo, vi que del otro lado estaba la figura de un hombre. Así que di vuelta a los recortes y comencé a recomponer el hombre, que sí sabía cómo era.

Así, vos, señor Conde Lucanor, debéis saber que, siempre tenemos algo que aprender de los jóvenes en nuestra sociedad por muy pícaro que sea.

El conde pensó que era un buen consejo, lo siguió y le fue muy bien.

Viendo don Juan que este cuento era bueno, lo mandó escribir en este libro y compuso estos versos que dicen así:

Si algo bueno quieres lograr

Con un jovenzuelo deberás tratar.

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